IDEA del SuCeSoR 14/08/08
Luego, mientras caminaba, apareció el verdadero enemigo de la intención: la discriminación.
Estaba rodeado de gente que, en apariencia, quería ayudar, pero que arrastraba las mismas taras de siempre. Una sociedad que se divide y se nombra: negros, serranos, mestizos, blancos, charapas, arribistas, hipócritas… como si al clasificarnos encontráramos una forma de sobrevivir.
Y quizá algo de eso hay.
En el fondo, los peruanos aprendemos a vivir así: jodiendo a alguien más cercano, más débil, más distinto. Yo no he sido ajeno a eso. También he sentido rechazo, y también he rechazado.
No hablo desde la víctima. Hablo desde alguien que todavía quiere entender.
Tal vez con algo de ingenuidad pienso que esto puede cambiar. Que bastaría con que algunos —unos pocos— intenten mirarse distinto, tratar distinto, romper esa herencia.
Pero cambiar un país no es un acto, es un proceso largo.
Si queda algo de consuelo, está en quienes vienen después. En las escuelas. En los que puedan recoger una idea mejor y no repetir la misma violencia disfrazada de costumbre.
Comentarios
Publicar un comentario